“Secreteándose, Gitanita y Zito se consideran en las orillitas de la realidad.—«Hoy está tan bonito, ¿verdad? Todos, todos, tan bien, nosotros alegres… Me gusta este tiempo…» Y: —«A mí también, Zito. ¿Vas a volver siempre aquí, muchas veces?» Y:—«Sí Dios quiere, vendré…» Y: —«Zito, ¿eres capáz de hacer como el Audaz Navegante? ¿Ir a descubrir los otros lugares?» Y: —«Él fue porque los otros lugares son aún más bonitos, ¿quién sabe?…» Y ellos dos, así, se dijeron cosas grandes en palabras pequeñas, tú a mí, me a ti, y tanto. Con todo, y felices, alguna otra cosa en ellos se agitaba, confusa —así rosa-amor-espinos-saudade.”
Joao Guimaraes Rosa, “La partida del audaz navegante”, en Primeras Historias. Traducción de Virginia Fagnani Wey.




